jueves, 3 de septiembre de 2026

Vial y Reformas Constitucionales, La persistencia de la Doctrina de Seguridad Nacional.


A propósito de las declaraciones del Senador Cristian Vial respecto de la Reforma Constitucional presentada por el presidente Kast sobre seguridad nacional y territorial, el referido parlamentario afirmó que, si una modificación constitucional de similares características hubiese sido presentada por la excandidata presidencial Jeannette Jara, él la habría rechazado.

Llama la atención que se formule un juicio a priori sin que necesariamente medie una lectura, análisis y comprensión detallada de su contenido de dicha propuesta. Una conducta de esta naturaleza podría dar cuenta de la prevalencia de una mirada dogmática e ideológica por sobre un ejercicio de deliberación que, por su investidura, debiera estar sometida a un análisis crítico, jurídico y democrático que considere el bien común y no solamente los intereses de un sector político en particular.

En este contexto, las palabras esgrimidas por Vial adquieren una especial relevancia. No estamos frente a una persona cuya trayectoria se haya desarrollado exclusivamente en espacios políticos partidarios, sino ante un actor relevante en el Ejército de Chile que, durante su trayectoria militar llegó a ocupar cargos de relevancia institucional, alcanzando el grado de General de División.

Y aquí viene lo especialmente preocupante: la mirada expresada por Vial, no parece constituir un fenómeno completamente aislado. A ellas, se suman miradas y posiciones políticas particularmente similares de otras personas vinculadas al mundo de la defensa nacional o de la seguridad pública, entre ellas la del General (r) Bassaletti, el Almirante (r) Kenneth Pugh o el Cabo Zamora.

Mas allá de las posiciones políticas que legítimamente todo ciudadano puede sostener, lo relevante es preguntarse por qué determinados sectores ligados a las Fuerzas Armadas continúan manifestando ideas y concepciones ideológicas estrechamente vinculadas con la tradición heredada por la dictadura cívico - militar encabezada por Augusto Pinochet.

El problema, entonces, no radica en las posiciones que un ex uniformado pueda tener. En toda sociedad democrática, toda persona tiene el derecho de expresar sus ideas, posiciones o visiones de la sociedad y participar en el debate público. La preocupación surge cuando, dentro de instituciones vinculadas a la defensa nacional aparecen espacios para su reproducción y legitimización que trascienden a relaciones profesionales o de subordinación, que corresponden a estas instituciones en un régimen democrático.

A raíz de lo expresado anteriormente, resulta pertinente preguntarse si la llamada “Doctrina de Seguridad Nacional” continúa operando, aunque sea de forma solapada en estas instituciones.

Para contextualizar, la Doctrina de Seguridad Nacional fue un conjunto de ideas y practicas militares llevas a cabo en Latinoamérica durante la guerra fría, bajo el alero e influencia de Estados Unidos.  Esta doctrina, postulaba la idea de la existencia de un “Enemigo Interno” considerado una de las principales amenazas para la seguridad y estabilidad del Estado. Bajo este ideario, personas vinculadas al comunismo, movimientos sociales y disidencias políticas podían ser consideradas amenazas para el orden institucional.

La idea no es tratar de afirmar que toda posición favorable a la seguridad sea un signo de pinochetismo. Tampoco resulta pertinente sostener que personas vinculadas al mundo uniformado deban ser privadas del legítimo derecho ciudadano a expresar sus ideas y participar del debate público. La cuestión es más profunda: debemos preguntarnos hasta donde determinadas ideas sobre el orden, la seguridad y la amenaza interna continúan presentes en sectores que históricamente estuvieron vinculados a una institución que, durante la dictadura tuvieron un papel central en el ejercicio del poder.

En este sentido, las declaraciones de Vial suponen abrir cuestionamientos que trascienden su propia persona. Durante los gobiernos de la Concertación, especialmente durante la década de 1990 y comienzos de los 2000 hubo importantes esfuerzos por reparar, reconocer y establecer la responsabilidad de Estado frente a las violaciones a los Derechos Humanos. Sin embargo, ese proceso de democratización post-dictadura encontró espacios de resistencia y continuidad dentro de las Fuerzas Armadas y de Orden.

Estos espacios pudieron constituir terreno fértil para la continuidad, reproducción y legitimización de ideas que vemos hoy reflejadas al menos parcialmente en las palabras del General Vial entre ellas un anticomunismo, que en determinados casos supone guardar sintonía con esta doctrina.

Para finalizar, resulta legítimo preguntarse qué formación doctrinaria están recibiendo los estudiantes de las distintas escuelas de las Fuerzas Armadas y de Orden, qué lugar ocupan la Democracia, los Derechos Humanos y la subordinación al poder civil, y como estas instituciones entienden su papel dentro de una sociedad democrática.

Porque una democracia no se consolida únicamente con a través de reformas legales o el reemplazo de autoridades. También nos obliga a revisar críticamente aquellas culturas institucionales o doctrinarias y concepciones del poder que eventualmente pueden sobrevivir incluso mas allá de que el régimen haya terminado.